Una larva en apuros

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La discusión sobre el efecto tóxico del glifosato es un tema que está generando diferencias de opinión entre quienes, en algún momento, pensaron en la inocuidad del herbicida, hasta el punto de recibir el anuncio, a través del Ministerio de Justicia, de la suspensión de las aspersiones con este herbicida antes de octubre de 2015, plazo establecido por el señor Presidente de la República de Colombia.

Esta decisión gubernamental está sustentada en la clasificación de “potencial cancerígeno” otorgada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el efecto ambiental, la absorción y movilidad en el suelo (lo que implica que el herbicida penetre niveles profundos), entre otros.

¿Acaso la guerra entre el Estado y los grupos insurgentes se ha volcado hacia la destrucción del medio ambiente? La muerte, indicador mediático del conflicto, ¿no es relevante? ¿Tal vez lo que se busca es minimizar los recursos biológicos existentes y dejar para nuestras generaciones venideras las fuentes agotadas y la dependencia absoluta de otros países para la obtención de alimentos?

Cuando Carlos Miguel Córdoba Ortega, Sergio Armando Aranda Rosero y yo leímos el informe presentado al Estado colombiano sobre la inocuidad del glifosato en el que se destaca la inocuidad del glifosato para especies animales en general, excepto para las vegetales, se mencionaron muchas especies animales que no fueron afectadas por el producto, pero curiosamente nos llamó la atención la ausencia de información en dípteros (moscas).

A partir de esto, se planteó un bioensayo utilizando como organismo representativo la Drosophila melanogaster (o mosca de la fruta), titulado “Efecto del glifosato en el comportamiento de Drosophila melanogaster”, ya que esta especie ha sido de gran utilidad en estudios de experimentación genética y, por ende, se conoce el mapa completo de su genoma, así como se sabe que tanto el 61% de los genes de enfermedades humanas conocidas, como el 70% de los genes del cáncer, tienen homólogos en la Drosophila, además de que el 50% de las secuencias proteicas de la mosca tienen análogos en los mamíferos.

Como resultado destacable de este estudio, plasmado en el artículo “El glifosato: ¿inocuo?” de la revista Memorias, se describe el cambio de comportamiento y la muerte de las larvas de Drosophila, ocasionadas por genes que también se encuentran codificando en los humanos la producción de la proteína pteridina, componente del ácido fólico conocido anteriormente como vitamina B9, de gran utilidad en los humanos para la correcta formación de las células sanguíneas (eritrocitos).

La deficiencia de ácido fólico en los humanos se puede manifestar por medio de los siguientes signos y síntomas: anemia megaloblástica, bajo peso, falta de apetito, debilidad, palidez, fatiga, náuseas, diarrea, mal humor, depresión, inflamación y llagas linguales, úlceras bucales, taquicardia, retraso del crecimiento y cabello canoso.

Algunos estudios han demostrado también efectos teratogénicos en relación con la deficiencia del ácido fólico, como defectos de cierre del tubo neural, daños en la formación de la médula espinal y el cerebro, anencefalia, espina bífida, encefalocele, paladar hendido y labio leporino.

La inocuidad del glifosato planteada en el informe presentado al Gobierno colombiano en el 2005 omitió restricciones que se manejaban a nivel mundial desde esa fecha como la precaución para su transporte y manipulación por ser una sustancia líquida potencialmente peligrosa para el medio. Pero, ¿a quién se quiere engañar? ¿A la naturaleza?

 


 

Iván Hernández Ramírez

Iván Hernández Ramírez es Coordinador de Investigaciones en Medicina de la Universidad Cooperativa de Colombia, sede Pasto, Colombia.

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