Los lectores como protagonistas del ecosistema del libro

Por

El mundo del libro está viviendo una revolución silenciosa, y los protagonistas de esa revolución son los lectores. En el tradicional ecosistema del libro, ellos eran valorados como sujetos distantes, borrosos… Hoy, debido esencialmente a Internet y a las redes sociales, los lectores han ganado protagonismo y se han impuesto sobre los autores e, incluso, sobre los propios textos.

El libro impreso ha necesitado más de 500 años para consolidar su poder y, a su vez, contemplar su crisis. Esta crisis no debe ser entendida como decadencia (el fin del libro), sino como una oportunidad de mirar su renovación. Ello se puede hacer desde una perspectiva dinámica que ve los nuevos productos culturales —el libro electrónico, por citar uno— como reinvenciones de otros, pues une nuevos sistemas de comunicación que permiten su resurrección y su acomodación a un entorno histórico distinto.

El mundo del libro está conformado por un ecosistema de actores, cuyo protagonismo ha cambiado con el paso del tiempo. Entre ellos están los autores —claves, desde luego— y los lectores. También están los editores, diseñadores gráficos, vendedores, promotores de lectura, agentes comerciales, gente de marketing, bibliotecarios… Después de la revolución de internet y de las redes sociales, el actor principal de ese ecosistema es el LECTOR.

Lector

 

La construcción de un lector autónomo, moderno, es un acto histórico-cultural complejo y lento que supone la sintonía de diversas variables. Por ejemplo, no habrá lector autónomo si este antes no ha sido lector heterónomo, es decir, un lector que requiere el apoyo de mediadores. El mediador lo invita a entrar al mundo del libro y la lectura, y lo ayuda a interpretar los textos. Esos mediadores son los padres de familia, los profesores, los bibliotecarios, los promotores de lectura, los compañeros de colegio.

La lectura autónoma requiere de condiciones de posibilidad; la más importante: la democratización del acceso al libro. La primera revolución de la cultura escrita en Colombia generó una elitización de la lectura. En efecto, los libros, ya publicados en un margen más amplio de producción manufacturada, seguían siendo apropiados por élites que construyeron la imagen del “lector culto” (varón, blanco, adinerado, con posición social y política de poder). Es la imagen de un lector que deja en su casa un amplio espacio para acumular libros en una biblioteca privada de miles de volúmenes y que publicita su eliticidad.

Otra élite que ha cumplido un papel cuestionable en la democratización del libro es la crítica literaria académica. Ella ha cumplido ciertamente un papel de exclusión, centrada en legitimar los textos canónicos, y así descuidó al lector, sobre todo, al “lector débil”, como lo denomina Joëlle Bahloul, en Lecturas precarias (2002). Lo cierto es que el canon literario, como mandato exterior de lectura, tiene los días contados; se va abriendo un modo de lectura de masas que algunos definen como posmoderno.

Sin duda alguna, un nuevo lector surgió con la irrupción de Internet en la primera década del siglo XXI. El primero de los cambios, y que convierte al lector en un protagonista de la cadena del libro, se produjo con los comentarios que se abrieron en las versiones digitales de los periódicos y revistas. Otro espacio inédito en la historia de la escritura que revolucionó el mundo digital fueron las redes sociales. Facebook y Twitter ganaban el protagonismo. Creadas en 2004 y 2006, respectivamente, por grandes imperios estadounidenses de las comunicaciones, generaron un nuevo modo de relación entre las personas y las comunidades virtuales.

A todos los textos en lo digital, los caracteriza que no son unidades verbales cerradas, sino abiertas, debido a los enlaces. La intertextualidad y la hipertextualidad ofrecen un nuevo poder: los textos pueden continuamente ser borrables y ajustados, al tiempo que permiten al lector la posibilidad de establecer relación con personas desconocidas en cualquier parte del mundo.

Los nuevos lectores han descubierto, entonces, que pueden ser partícipes de una o varias comunidades. El poder escribir, subir un video, expresar ideas a través de la red, los empodera. YouTube permitió que un nuevo emisor ganara fuerza: el booktuber. Los adolescentes y los jóvenes se tomaron este medio para exponer sus gustos literarios que estaban habitualmente por fuera del canon. La crítica académica despreció en varios casos los juicios de estos muchachos acusándolos de ser manipulados por las editoriales y carentes de tener un juicio crítico de peso. Pero, en este momento, una chica —la mayoría de booktubers son mujeres—, en alguna ciudad de Colombia, está descubriendo libros de Paulho Coelho, Gioconda Belli, Carolina Andújar, y los está promocionando abiertamente, sin importarle la opinión de profesores o gurús de la literatura.

No son lecturas literales sino hiperinterpretaciones, en las que los lectores van más allá del texto y lo alteran para su propio beneficio, apropiándose de ellos, dándole un matiz de subjetividad extremo.

La apropiación personal de los textos conlleva su atomización. Estos nuevos lectores no suelen leer las obras completas ni en el marco de referencias de contexto. Las frases y los fragmentos aislados ganan un espacio en las redes sociales. La noción de obra unitaria se rompe y quedan escenas, capítulos, frases aisladas.

En otro contexto más cercano a las áreas de marketing de las editoriales, estos nuevos textos digitales atomizados, fragmentarios, pueden servir para atraer a los lectores. Por ejemplo, la novela canónica La montaña mágica (1924), de Thomas Mann (mil páginas), puede ser leída no solo como un corpus total sobre la enfermedad, el aislamiento y el más rancio aristocratismo espiritual, sino desde la perspectiva de textos aislados cercanos a los lectores del momento. Temas como una receta de cocina sobre cómo preparar pollo, cuidados que se deben tener en el uso de los esquís de nieve, una explicación sobre cómo debe educar la voz un tenor de ópera, una guía turística de Davos (Suiza), la bella descripción del cuerpo de la mujer amada, en fin. Los microtextos circulando en Internet probablemente acercarían a nuevos lectores a una obra que se considera sofisticada y del canon literario occidental.

Una tarea central de los editores innovadores es ganar nuevos lectores con libros que el mercado tradicional rechazaría porque no son rentables a corto plazo. Si eso es así, entonces, habrá que mirar cómo están funcionando estos nuevos lectores y qué textos necesitarían para enriquecer su imaginario. Habrá que buscar autores para escribir esos textos.

Carlos Sánchez Lozano

Es magíster en estudios literarios. Trabaja como profesor universitario en Bogotá, Colombia, y como consultor en temas relacionados con el ámbito del libro y la lectura, literatura infantil, literatura colombiana y contemporánea, a nivel internacional. Tiene un blog llamado Escribidores

Comentarios