Lectura y sociabilidad en tiempos de redes sociales

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Lectura y sociabilidad

¿Quizá aquellos que se interesan más en la lectura se han preguntado alguna vez qué elementos caracterizan las prácticas de lectura contemporáneas? O, por casualidad, ¿se han preguntado cómo las nuevas tecnologías han transformado los modos de ser lector en las últimas décadas?

Precisamente, la investigación “Sociabilidad y nuevas tecnologías en las prácticas lectoras. Un estudio en Ciudad de México” se propuso indagar en estas preguntas, más enfocadas en cómo se lee que en cuánto se lee, al aproximarse a una población que se destaca por la intensidad y frecuencia de sus prácticas de lectura: es decir, los creadores culturales, especialmente, artistas visuales y escritores. Este estudio elaboró un panorama sistemático del vasto repertorio de modos de lectura que caracterizan a estos sujetos y se concluyó que todos ellos comparten determinadas formas de seleccionar, organizar y procesar los textos que pueden llamarse como lectura por proyectos, concepto que se encuentra explicado en Hacia una antropología de los lectores.

Al preguntarnos por la dimensión de sociabilidad que caracteriza la lectura contemporánea, resulta preciso cuestionar la arraigada imagen del lector como un figura solitaria e introspectiva poniendo de relieve aquellas facetas de la lectura que se activan y cobran sentido en colectividad.

La lectura, como otras formas de consumo cultural, tiene lugar en el marco de una amplia red de relaciones sociales. Al mismo tiempo, si nos adscribimos a una definición amplia de lectura que no se restringe a los libros editados, constatamos que buena parte de la textualidad que se produce mediante los dispositivos tecnológicos opera como una extensión de la sociabilidad presencial: las tecnologías ofrecen la posibilidad de restituir la interacción social allí donde media una distancia entre los interlocutores. Los medios digitales han evidenciado el carácter dialógico y social que yace en toda práctica de lectura, al acortar virtualmente la distancia entre la emisión y la recepción.

Tomando estas reflexiones como punto de partida, podemos sostener que los modos de leer de la actualidad involucran nuevos sentidos de lo social al menos en tres aspectos:

La dimensión social de la lectura, ayer y hoy

“El texto es una cosa que se comparte”, dicen nuestros informantes. La lectura genera complicidades y activa un circuito de préstamos, recomendaciones e intercambios que afianza las relaciones humanas. La formación de comunidades lectoras —sobre todo, en la adolescencia y juventud— se recuerda como una instancia crucial en la expansión de los horizontes sociales. Si algo ha cambiado con la llegada de Internet es la posibilidad de hacer lo que hacíamos antes, pero con otra velocidad: el ciclo se ha acortado y el ritmo con el que se construyen, reproducen y desarticulan las comunidades de lectores es más vertiginoso. Las redes sociales han expresado esta dimensión social de la lectura de formas insospechadas, multiplicando los vínculos y generando sinergias entre colaboradores. Todo ello desestructura al “yo” como el eje de las lecturas, para dejar este lugar de la agencia a otros: estas convergencias en un nuevo terreno público facilitan la tarea de mapear el campo, familiarizarse con autores y textos, acceder a los libros y situar la propia producción dentro del escenario contemporáneo.

Reconfiguraciones de la autoría

Por otra parte, observamos que las nuevas tecnologías han transformado los modos de conceptualizar y ejercer la autoría. Las distintas percepciones recogidas en este estudio hablan de la disolución del autor como genio creador autónomo e individual, abogando por un tráfico libre de conocimientos que celebra la apropiación como recurso válido para la creación artística y escritural. Muchos de nuestros entrevistados —artistas y escritores— se sienten hoy más cerca de sus lectores y espectadores, con todas las consecuencias positivas (lecturas críticas) y negativas (insultos, persecuciones, etc.) que ello acarrea. Esta relación entre autor y lector es cada vez más porosa, en la medida en que los emisores se multiplican y hay espacio para nuevas voces. Con todo, el cuestionamiento de las autorías tradicionales no está exento de contradicciones ni deja de resultar problemático en la práctica.

Lectorías colaborativas y plataformas de creación

“Las redes sociales agilizan y ayudan a la colaboración”, afirma un narrador, al comentar un proyecto colectivo de traducción que emprendió a través de Twitter. Tanto en lo presencial como en lo virtual, constatamos que la lectura puede ser una vía para el fortalecimiento de la comunidad: vemos que en la actualidad se experimenta una revitalización de bibliotecas especializadas, colectivas o trashumantes, o talleres de lectura en distintas localidades. Al mismo tiempo, la conectividad contemporánea ofrece acceso a plataformas que hacen posible no solo comentar de forma colectiva, sino que también producir obras entre muchos creadores, incluso estando estos dispersos en términos geográficos.

Para concluir, podemos señalar que la experiencia lectora de los creadores culturales indica que la incorporación de nuevas tecnologías en las prácticas de lectoescritura activa da nuevos cursos a ciertas dimensiones de sociabilidad que siempre han estado presentes. Los artistas y escritores nos demuestran que intensificar este nivel “conversacional” de los textos puede ser un ejercicio fecundo, ya que estos intercambios son la semilla de nuevos proyectos creativos. La multiplicación de las pantallas no es sinónimo unívoco de formas de lectura personalizadas e individualistas. También se producen dinámicas donde la red de lectores adquiere un nuevo protagonismo, afectando los modos en que se lee y comparte lo leído.

La noción de sociabilidad se distingue de la socialización —o vínculo social en sentido general— por su independencia frente al interés económico y social, o la incapacidad de reducirlo a ello. La sociabilidad, liberada del reino de las necesidades, se despliega en toda su extensión, en el ámbito democrático. En esta línea, las experiencias de lectura de los creadores culturales parecen indicar que esta colectividad electiva está en el centro de una vida lectora gozosa y productiva. La lectura convoca afinidades y desarrolla vínculos cómplices, afianzando lazos sociales y contribuyendo al desarrollo de una sociedad abierta al diálogo. Por ello, resulta preciso complementar las estrategias actuales de las políticas lectoras con mensajes que destaquen este vínculo entre lectura y sociabilidad: la lectura sirve para conectarse con otros; es una experiencia social y colectiva, y desarrolla los valores que sustentan la vida democrática.

 

Carla Pinochet Cobos

Académica del departamento de Antropología de la Universidad Alberto Hurtado, Chile. Se desempeña como investigadora y docente en torno a la antropología del arte y los estudios sobre prácticas culturales en América Latina. Su correo es: cpinochet@uahurtado.cl

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