Las escalas de medida y su uso en educación

Por
tiza

Cuando deseamos realizar un estudio en el campo de la educación, nos encontramos con variables cuya cuantificación no es posible o directamente realizable. Así sucede, por ejemplo, con el sexo de una persona, su motivación o su actitud frente a los estudios. Una escala de medida es el instrumento que permite, según la naturaleza de los datos, clasificarlos, ordenarlos e incluso realizar pruebas estadísticas para su análisis. ¿Cómo se utilizan estas escalas?

El primer paso es su creación, para lo cual ha de conocerse con qué tipo de variable vamos a tratar. Así, las escalas se clasifican en nominales, ordinales, de intervalo o de razón:

  • Las nominales tratan con variables que únicamente podemos clasificar (por ejemplo, el sexo: hombre o mujer).
  • Las ordinales tratan con variables que no sólo se pueden clasificar, sino también ordenar (por ejemplo, el nivel de estudios: básico, medio o superior).
  • Las de intervalo tratan con variables numéricas relativas (por ejemplo, el coeficiente intelectual de una persona); aunque también permiten manejar variables ordinales mediante el establecimiento de un sistema de calificación (por ejemplo, una opinión puntuada del 1 al 5).
  • Las de razón tratan con variables numéricas absolutas, esto es, con aquéllas que poseen un origen para la escala (por ejemplo, la edad).

En estudios sobre educación, es habitual que el máximo grado de cuantificación al que podamos llegar con una medida sea el de intervalo. Así sucede, por ejemplo, cuando queremos conocer el comportamiento de un grupo de sujetos o medir su actitud hacia una determinada situación u objeto. En estos casos suele ser muy frecuente el uso de cuestionarios compuestos por distintas afirmaciones o ítems a las que el sujeto ha de responder en forma de calificación. Para ello, el comportamiento o la actitud se consideran como un continuo que va de lo favorable a lo desfavorable en una escala de estimación que normalmente es de tipo Likert. El formato típico de valoración suele ser de cinco niveles:

  1. Muy en desacuerdo
  2. En desacuerdo
  3. Indiferente
  4. De acuerdo
  5. Totalmente de acuerdo

En el artículo “Medición de actitudes en estudios sobre educación”, se muestra cómo es el proceso de elaboración y validación de este tipo de herramientas de medida. Una vez creado el cuestionario de medida, la pregunta es: ¿qué hacer con los datos?

  • Cuando tratamos con variables categóricas (en escala nominal u ordinal), como medidas descriptivas, tan sólo suele resultar útil el cálculo de porcentajes, pues valores como la mediana o la moda aportan poco. Por ejemplo, para describir el nivel de estudios según el sexo de una población, lo adecuado es hacer una tabla donde se confronten ambas variables y aparezcan los porcentajes de todas las posibles combinaciones entre categorías. En cuanto a pruebas estadísticas, existe un conjunto de pruebas aplicables, denominadas “no paramétricas”, las cuales se caracterizan porque no asumen ningún tipo de distribución estadística a las variables. Es el caso, por ejemplo, de la prueba de Kruskal-Wallis, versión por rangos del muy empleado análisis de la varianza (ANOVA), con la que es posible analizar posibles relaciones entre variables. En el ejemplo considerado, se podría estudiar si hay diferencias de nivel de estudios entre hombres y mujeres.
  • Cuando las variables son numéricas (de intervalo o de razón), es posible calcular valores medios y desviaciones típicas como medidas descriptivas. Por ejemplo, podría calcularse el coeficiente intelectual medio en el conjunto de una población o desglosarla por grupos de edad. En cuanto a pruebas estadísticas, pueden realizarse pruebas tanto “no paramétricas” como “paramétricas”. Estas últimas asumen distribuciones estadísticas subyacentes a los datos, lo cual las hace más potentes (su capacidad para rechazar hipótesis es mayor), por lo que suelen ser las empleadas con más asiduidad. Entre ellas se encuentra, por ejemplo, el ya comentado ANOVA. La única precaución que hay que tener al aplicarlas es que deben cumplirse ciertas condiciones de validez. Con el ANOVA podría estudiarse, por ejemplo, si el coeficiente intelectual es una característica que varía con la edad.

A pesar de que parece claro qué medidas descriptivas y pruebas estadísticas es posible utilizar con cada tipo de variable, las escalas tipo Likert mencionadas anteriormente constituyen un caso especial. En efecto, en este tipo de escalas, una variable ordinal se transforma en numérica mediante un sistema de calificación “artificial”. El posible uso de la estadística paramétrica en escalas tipo Likert es un asunto que resurge cada cierto tiempo en las revistas de investigación, lo cual polemiza.

Son muchos los que afirman que los intervalos obtenidos mediante este tipo de escala no pueden presumirse iguales y que, por tanto, se trata de variables ordinales en las que las pruebas paramétricas no tienen cabida. Argumentan que, incluso asumiendo que los intervalos fuesen iguales, los datos obtenidos poseen distribuciones de probabilidad que no cumplen con las condiciones de aplicabilidad de las pruebas paramétricas. Sin embargo, otros investigadores han empleado ambos tipos de pruebas sobre datos procedentes de escalas tipo Likert y comparado los resultados, y afirman que, aunque no se cumplan los supuestos de validez, las pruebas paramétricas son aplicables.

Algunos defienden su uso frente a las no paramétricas, pues estas tienden a perder información y son menos potentes, requiriendo de evidencias más fuertes para obtener conclusiones.

En campos como las ciencias de la salud o la educación, la polémica ha llegado incluso a los consejos editoriales de algunas revistas científicas. Algunos estudios cuantifican en torno al 75% el porcentaje de trabajos de investigación educativa cuya publicación podría haberse rechazado bajo el argumento de haber empleado métodos paramétricos con escalas de Likert.

Más allá de la polémica, esperamos que este breve artículo haya servido para mostrar las herramientas de medida que los investigadores del campo de la educación tienen a su disposición. Su conocimiento constituye un primer paso para llevar a cabo estudios de calidad y con garantías de publicación.

 

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