La ortografía de Tarzán

Por
Tarzan's spelling

El escritor es responsable de lo que su lector comprende.

La escritura es una forma que guía al lector de una idea a otra; una talanquera abierta que cierra y abre el paso al mismo tiempo. Esto resulta válido para cualquier tipo de lenguaje, desde el simbólico de la literatura o de los usos del habla cotidiana, hasta el del utilitario transaccional que se usa en textos expositivos, tanto en el entorno laboral como en los mensajes de textos personales que proliferan en las redes sociales. Sin embargo, resulta particularmente cierto en el entorno académico. En este, la escritura es uno de los instrumentos más destacados para comunicarse entre sus miembros: las tareas de la universidad, correos y cartas formales, artículos académicos, reseñas… Todos ellos requieren de textos que lleguen justo a donde deben llegar y digan justo lo que deben decir.

Si asumimos que escribir significa tomar una posición y proponer una idea relevante al respecto, lo más peligroso que puede ocurrir en el proceso no es que el lector no comprenda lo dicho, sino que comprenda algo diferente a lo que el escritor propone. Si esto ocurre, la posición de quien escribe queda desvirtuada y, lo que tenía para decir, transformado en una mentira. Esto es, precisamente, lo que hay que evitar a toda costa.

Un texto es un tejido: un paquete de signos en el que su interacción compone una unidad y le da un sentido. Así, todo lo que ocurra dentro y fuera de esa interacción es consecuencia de las decisiones que tome el escritor a la hora de estructurar y desarrollar su idea. El uso de la ortografía y el manejo específico que se dé a los signos de puntuación, la selección del vocabulario y de ciertas formas gramaticales y no de otras, son justamente herramientas de las que se vale el escritor para llevar a su lector a donde se propone. Y su dominio de estas herramientas determina el alcance que puede darle a su idea y a su propósito. Este es precisamente el objetivo del libro La ortografía de Tarzán. Claves para escribir en la universidad, con una primera edición del 2014 y una segunda del 2016, las dos de la Editorial CESA.

Se trata de un libro que parte de una comparación, para nosotros fundada: que Tarzán, el personaje que conocimos en el cine, tal como nuestros estudiantes, podía llegar a ser el rey de su mundo, pero no se comunicaba claramente con sus semejantes. El texto fue escrito inicialmente para las clases de Comunicación escrita del Colegio de Estudios Superiores de Administración-CESA, pero atañe, tal como otro digo de productos del Centro DIGA del CESA, a cualquiera que esté interesado en los rudimentos de la escritura formal y en algunos recursos para escribir o para enseñar su uso (normas APA, escritura de ensayos, actas o reseñas…).

Al hablar de escritura formal, queda claro que se escribe en contexto; es decir, que nadie escribe al vacío, y solo por hacerlo. Existe siempre un propósito comunicativo —que es el punto de partida— y un entorno —que es el medio en el cual el texto va a ser leído— dentro del cual hay que tener en cuenta dos elementos: el lector —el público que se espera que lea el texto en cuestión— y el contexto. Dicho de otra manera, alguien, con quien pretendo comunicarme, va a leer lo que le escribo y lo va a hacer en un entorno específico.

La primera cuestión para lograr textos exitosos, incluso antes de escribir, es preguntarse qué pretendo lograr con cada texto, y en quién busco hacerlo. Después, el camino es más sencillo. Basta con seleccionar las características que debe tener ese texto para conseguirlo: el registro en el que será escrito, el tono, el tipo de palabras de las que echará mano… Lo anterior significa que se comienza a escribir antes de escribir; también, que el ejercicio físico de poner palabras en una pantalla o sobre un papel resulta mucho más llevadero, mucho menos difícil de lo que se piensa al comienzo si se asume que es conveniente pensar antes de hacer —y fallar— en el primer intento. Nadie escribe un buen texto sin pensarlo; nadie consigue un buen borrador sin haber dudado y sin haber borrado mucho.

Otro punto importante a la hora de escribir textos formales es que, dado que por definición el lector está situado lejos del escritor (por distancia física, jerárquica o funcional), en ellos debe predominar la sencillez de su forma. Es común encontrar, por ejemplo, que los textos académicos tienen estructuras específicas que son replicadas por los diferentes artículos, sin importar en qué lugar del mundo han sido escritos. Con ello, los editores de las revistas buscan, entre otras cosas, que sean más sencillos de leer: que el lector tenga claro dónde buscar la información que está buscando.

Otro instrumento para conseguir esa sencillez y efectividad comunicativa está en la forma en que se estructuran oraciones y párrafos. Cualquier escritor, por novato que sea, se dará cuenta de que sus primeras versiones de un texto están llenas de oraciones largas, larguísimas, que aglutinan muchas de las ideas que tenía en mente. Esto nos ocurre a todos. Pero no puede ocurrir lo mismo con la versión final, que debería estructurarse a partir de oraciones cortas, que componen párrafos con ideas relativamente autónomas. Esto garantiza que el lector almacene con mayor facilidad las ideas que va encontrando y, por lo tanto, que las articule y las comprenda con mayor facilidad.

De todo ello debería quedar claro que la sencillez no lo es; que un texto limpio y efectivo es resultado de un trabajo arduo que comienza mucho antes de enfrentar el teclado por primera vez. Este trabajo no termina: siempre puede haber una nueva versión. Siempre puede corregirse una palabra, un giro, una mejor manera de presentar el concepto central. Esta sea probablemente la causa por la que Jorge Luis Borges afirmaba que en realidad publicaba para deshacerse de sus propios textos.

Javier H. Murillo

Candidato a doctor en Estudios Sociales de la Universidad Externado de Colombia. Profesor investigador asociado del Colegio de Estudios Superiores de Administración-CESA y Coordinador del Centro DIGA.

Laura Ramírez S.

Magíster en Lingüística Computacional de la Universidad de París-Sorbone. Investigadora en morfosintaxis francesa y española.

Lina Calle A.

Magíster en Formación de Profesores de Español como Lengua Extranjera de la UNINI de Puerto Rico. Profesora del Centro DIGA e investigadora asistente del Colegio de Estudios Superiores de Administración-CESA.

Comentarios