La bioética en el trasplante de órganos y tejidos: una cuestión de vida o muerte

Por
trasplante de órganos

Dentro del contexto de las ciencias médicas, el ser humano ha desarrollado múltiples técnicas que implican diversos procederes terapéuticos para mejorar su salud y combatir las afecciones que lo aquejan. Uno de esos procederes es el trasplante de órganos, tejidos o células, procedimiento a través del cual se remplaza un órgano dañado por otro sano.

El tema del trasplante de órganos, tejidos y células en Venezuela —por tomar un caso en particular— ha sido uno de los más relevantes en estas cuatro últimas décadas. Sin embargo, sigue siendo un gran tabú entre los venezolanos, debido generalmente a la ignorancia que se tiene del tema o a cuestiones religiosas. A pesar de esto, para una parte de la población, donar un órgano representa la prolongación de la vida, y para otra, es un acto de entrega que tiene su génesis en la conciencia profunda del dolor ajeno. Sin contar con la ausencia de una cultura de donación de órganos, que puede generar otro tipo de inconvenientes.

Así mismo es un tema muy controversial, ya que está cargado de mucha emotividad y de factores morales y éticos que giran alrededor de la dignidad humana en cuanto a existencia. Estos factores se imponen, junto con las garantías sociales y jurídicas que ello implica, para que la vida sea un fin y no un medio.

En la legislación vigente venezolana, por ejemplo, la donación de órganos para trasplante comprende dos variedades del acto: la donación expresa, basada en el respeto a la autonomía del ser humano —o sea, a sus deseos documentados sobre el uso de sus órganos para trasplante, antes o después de su muerte—, y la donación tácita, cuando el sujeto ya ha sido declarado muerto y no existe negativa documentada al uso de sus órganos para trasplante.

Ambas variedades de donación pueden engendrar, por lo general, implicaciones de tipo ético-legales; en particular, aquellas que tienen que ver con la donación expresa, cuando se hace referencia a la voluntad de donación, la cual podrá hacerse en vida mediante constancia escrita a través de un documento denominado “Consentimiento presunto y expreso” o “Consentimiento informado”, que no es más que el procedimiento mediante el cual se garantiza que el sujeto ha expresado voluntariamente su intención de participar como donante de órganos, después de su muerte.

Entonces, en la ausencia de tal información, la responsabilidad de aceptar o rechazar el trasplante terapéutico de órganos corresponde, en primera instancia, al representante legalmente nombrado por el sujeto antes de hacerse incompetente o de fallecer, o en segunda instancia, al pariente más cercano.

Por ser este consentimiento un gesto de carácter muy personal, está cargado de matices sobre la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, la dignidad humana, la solidaridad y el altruismo, conceptos que están basados en los principios bioéticos de autonomía y beneficencia. Pero también puede involucrar aspectos jurídico-legales que vienen a regular el proceso de donación, la extracción y el trasplante de órganos, tejidos o células en los seres humanos. El consentimiento informado debe ser la esencia misma de la donación de órganos, tejidos y células.

En Venezuela, no obstante, a partir de la nueva ley implementada en 2011, en cuyos artículos 27 y 42 se dispone que todos los residentes del país son presuntos donantes de órganos, tejidos y células con fines terapéuticos hasta que no manifiesten lo contrario —es decir, si el individuo no manifiesta su deseo de no ser donante, el Estado venezolano se subroga esta acción—, representa para muchos un atropello por parte del Estado sobre el cuerpo de las personas y una decisión que pasa por encima del principio de autonomía.

He aquí el debate generado detrás de esta ley que trata de imponer el consentimiento presunto de la donación. Si partimos de la concepción basada en los derechos humanos universales, que reivindica el derecho a la salud y a la autodeterminación como parte del derecho a la vida, la normativa legal vigente sobre donación y trasplante de órganos y tejidos se transformaría en una medida coercitiva del Estado que viola principios éticos y legales elementales.

En el artículo “Aspectos éticos y jurídicos de la donación y el trasplante de órganos y tejidos en Venezuela” de la revista Colombia Forense se exploran algunos de estos factores que envuelven el aspecto ético-moral, es decir, factores relativos a la bioética dentro del contexto de lo biojurídico o el bioderecho, que son ciencias que vienen a regular o solucionar estos dilemas bioéticos, generados por la imposición de una ley sobre la donación de órganos, tejidos o células.

Para cerrar esta nota, es necesario entender que la donación de órganos, tejidos o células para trasplante, además de ser un acto médico-científico, también es un acto ético y jurídico, en el sentido estricto, ya que la donación-trasplante, por sí sola, supone en esencia la producción de determinados efectos jurídicos que desarrollan una cadena de acontecimientos (examen médico del donador y el receptor, la búsqueda de un donante idóneo, su extracción, etcétera); cada uno de ellos con su particular eficacia jurídica que va desde lo administrativo, lo civil, lo disciplinario y, por supuesto, lo penal.

Juan Carlos Araujo-Cuauro

Médico cirujano y abogado de la Universidad del Zulia, en Maracaibo, Venezuela. Trabaja como profesor titular de pregrado y posgrado en la misma Universidad y ha publicado artículos sobre ciencias médicas y jurídicas en revistas arbitradas e indexadas, a nivel nacional e internacional, así como ha ejercido su labor de árbitro evaluador en otras revistas científicas.

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