El mundo emocional en la educación infantil

Por
El Mundo Emocional

Educar emocionalmente desde la primera infancia implica validar las emociones, empatizar, ayudar a identificar y a nombrar lo que se está sintiendo, poner límites, enseñar formas aceptables de expresión y de relación con los demás, quererse y aceptarse a uno mismo, respetar a los demás y proponer estrategias para resolver problemas. En el libro El yo infantil y sus circunstancias, propongo temas básicos como la conciencia y regulación emocional, la autoestima, las habilidades socioemocionales, entre otros.

Desde el octavo mes hasta el primer año de vida, las emociones más puras se identifican por su expresividad. Así, en los bebés reconocemos alegría, enfado, rabia, miedo, tristeza, placer… Con la llegada de los dos años, las emociones se vuelven más complejas y aparecen variantes de las anteriores, como la vergüenza o derivaciones del afecto, por ejemplo, los celos. El niño es un ser único y su mundo emocional es muy variado, subjetivo y de múltiples componentes.

En nuestra labor educativa, debemos descubrir cómo cada alumno va construyendo su universo emocional y tener en cuenta la importancia de la llegada de los tres años, ya que empieza a relacionar y organizar sus emociones en categorías diversas. Posteriormente, entre los cuatro y los seis años, los pequeños perciben que su comportamiento produce reacciones en los demás y comienzan a controlar sus impulsos para terminar consiguiendo una mayor estabilidad emocional e iniciarse en el desarrollo de la conducta moral.

¿Cómo podemos contribuir al desarrollo emocional de los niños durante estos primeros años?

  • Incorporando en el juego variantes emocionales
  • Comprendiendo sus narraciones imaginarias
  • Conversando sobre las emociones que experimentan las personas
  • Escuchando sus preguntas y dudas emocionales con afectividad y cierto grado de empatía
  • Observando ante qué emociones se sienten más incómodos
  • Animándoles a hablar y a expresar sus sentimientos
  • Aportándoles seguridad y confianza
  • Mostrándoles alternativas para canalizar la rabia, la agresividad y el miedo

Es importante encauzar las emociones de los pequeños para llegar a un autocontrol emocional, acompañado de inteligencia y vinculado a valores sociales y morales.

La importancia de una buena educación emocional: la expresión de los afectos

Cuando los niños nos manifiestan su afecto, quedamos cautivados. Sus besos, sus abrazos y sus caricias en estado puro son las primeras manifestaciones de un desarrollo emocional. De acuerdo con estas afirmaciones, es muy conveniente mencionar la necesidad de los pequeños de una educación emocional que les ayude a identificar sus sentimientos para poder establecer buenas relaciones con los demás. ¿Cómo podemos contribuir desde el mundo adulto? En primer lugar, podemos permanecer receptivos a sus demostraciones, agradecerles por ello e invitarles a exteriorizar su cariño de la forma más natural posible. El paso siguiente consistirá en animarlos a hacerlo pero sin presiones, siempre desde la espontaneidad.

Seremos modelos para ellos si expresamos el cariño:

  • Amando sin reservas y de manera incondicional
  • Recordándoles que los amamos, aunque creamos que no necesitan escucharnos
  • Corrigiendo su comportamiento sin descalificaciones
  • Proporcionando abrazos, caricias y miradas de confianza, seguridad y complicidad
  • Permaneciendo a su lado mientras crecen, tanto en los logros como en las frustraciones

Los niños necesitan unas bases mínimas para sentirse seguros y confiados en sí mismos; ellos precisan una adecuada educación que fomente su inteligencia emocional para canalizar esas emociones en estado puro, además de reelaborarlas y mostrarlas a los demás.

Según el artículo “Inteligencia emocional” de Peter Salovey y John Mayer (1990), podemos definir la inteligencia emocional como la capacidad para supervisar los sentimientos y las emociones de uno mismo y de los demás, discriminar entre ellos y usar esta información para la orientación de la acción y el pensamiento propios.

Cuando educamos no solamente podemos trabajar con los conocimientos, se hace imprescindible el tratamiento de la emoción para completar el proceso global de aprendizaje.

Pautas de actuación: educación emocional desde la escuela

Donde existe comprensión existe una educación armónica de la persona y del entorno; por tanto, se respira una atmósfera más pacífica; para mejorar la calidad humana habrá que mejorar la calidad en la educación.

Es fundamental comenzar en la escuela infantil con una educación emocional que incorpore un vocabulario en el que se identifiquen, por lo menos, las cinco emociones básicas: enfado, miedo, tristeza, alegría y amor. Los niños conocerán en qué momentos surgen cada una de ellas, con qué gestos se expresan y qué provocan; más adelante, se darán cuenta de que, combinando estas emociones, llegamos a los sentimientos que aprendemos a lo largo de la vida cuando los asociamos a situaciones determinadas. Entonces, diferenciarán necesidades de deseos, aprenderán a esperar, a dar las gracias, a conversar, a hacer amigos, a tener sentido del humor, modales sociales y habilidades básicas.

Si pensamos en la educación con una visión global, respetaremos al ser humano, pues todos sus planos se entrelazan y le aportaremos un sistema de signos para que se autoexprese; atenderemos sus necesidades básicas y sus sentimientos, le ayudaremos a madurar emocionalmente, a socializar, a comprender la interrelación de todo lo que existe y a desarrollar su mundo ético.

Tres principios fundamentales para desarrollar la educación emocional desde la escuela

  • Los niños aprenderán que sólo cuando se reconoce e identifica una emoción, se puede controlar (principio de “la gestión de emociones”).
  • Los niños aprenderán desde los primeros años la necesidad de saber escuchar para poder prestar atención a los demás: escucha activa y/o empática.
  • Los niños aprenderán que todos los estímulos recibidos a través de los sentidos nos transforman, así que deben cuidarse “los puentes con la realidad” (los sentidos) para no perder oportunidades de captar información del exterior.
Ana Roa

Pedagoga, profesora especialista en Educación Infantil y terapeuta familiar experta en Análisis Transaccional. Tiene una especialización en TDAH y Máster Europeo en Coaching Educativo. Es también miembro del Colegio Profesional de Pedagogos y Psicopedagogos de Madrid. Ha colaborado en numerosos medios de comunicación y prensa para divulgar la importancia de la labor educativa, tiene un blog llamado Roaeducación y estos son algunos de sus libros publicados: ¡Vive la vida!, El yo infantil y sus circunstancias y Educación, ¿talla única?

CompartirTweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+

Comentarios