¿Cómo nos podemos aproximar al mercado laboral del educador social?

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A esa pregunta le intentamos dar respuesta en Cataluña (España) a partir de un trabajo empírico expuesto en “Aproximación al mercado laboral del Educador Social” publicado en la revista digital Aula Magna 2.0, de las revistas científicas de Educación en Red, promovida por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), con el apoyo, en la edición, del Dr. Lorenzo García Aretio y del añorado Dr. Ramón Pérez Juste.

La educación social es una profesión en construcción. El resultado de la investigación que realicé en el 2014 ha sido un inventario detallado de 72 contextos laborales del educador social, y, aunque debería contrastarse más, es decir, consultar a más expertos y en diferentes comunidades del Estado, puede ser de utilidad en aspectos formativos y de prácticas profesionales para los educadores sociales; por otro lado, nos falta una regulación de la educación social como profesión bien definida, como ha defendido el Consejo General de Educadoras y Educadores Sociales (CGCEES) de España. La extrapolación internacional de estos contextos laborales debería adaptarse a cada país. Hay una gran diversidad de perfiles y denominaciones de educadores y educadoras sociales en todo el mundo: animador sociocultural, social educator, social worker, educateur sociaux, educatore profesional, psicoeducador o sociopedagogo, por lo que el principal desafío, al afrontar el reto de la globalización, en clave de educación social y su mercado laboral, es la construcción de la identidad de todos estos profesionales, voluntarios e investigadores, que en diferentes denominaciones trabajan, con objetivos similares, para la educación social. Por lo tanto, los estudios sobre el mercado laboral de estos profesionales tendrían que tener en cuenta esta diversidad que nos caracteriza como agentes de acompañamiento educativo y promover el bienestar social y cultural.

Algunas de las voces más autorizadas para responder cuáles son los retos profesionales actuales son los colegios profesionales de educadoras y educadores como la Asociación Internacional de Educadores Sociales (AIEJI), la Sociedad Iberoamericana de Pedagogía Social (SIPS) y las universidades; la primera, por ser una asociación de educadores y educadoras; la segunda, porque reflexiona sobre las prácticas desde posiciones teóricas; y la última, porque puede reflexionar sobre la formación de futuros educadores.

Un artículo relevante en estas temáticas es “La educación social en un mundo globalizado desde el punto de vista de la AIEJI” de su presidente Benny Andersen, en el que describe los principales objetivos de trabajo para los próximos años de esta asociación (2017-2021): el trabajo socioeducativo en ancianos y personas con demencia y la ética en el trabajo socioeducativo.

Otra anotación interesante es que, desde la Junta de Gobierno del Colegio Profesional de Educadoras y Educadores Sociales Catalán (CEESC), promovimos un Informe sobre el Estado de la Educación Social en Cataluña en el que se indican los principales ámbitos específicos de intervención de los educadores y educadoras catalanas en el 2014, entre los que destacan en ocupación y a gran distancia de los otros, los servicios sociales de base, los centros residenciales de acción educativa y, en porcentajes menores, los programas socioeducativos para la infancia, la animación y dinamización sociocultural, el trabajo en centros residenciales para mayores y el trabajo con personas con discapacidad.

Desde mi punto de vista, algunos de los grandes retos que tenemos planteados como profesionales, desde la educación social y más teóricamente desde la pedagogía social, son retos también de toda la sociedad: la defensa y acción educativa de los más vulnerables contra las injusticias sociales, la búsqueda de la paz y la lucha por el equilibrio medioambiental (cuestiones como el cambio climático no nos son extrañas). La magnitud de estos temas nos hace susceptibles de buscar alianzas y discursos parecidos a los que encontraríamos en organizaciones como la ONU (UNICEF), UNESCO, Consejo de Europa, Foro Social Mundial (FSM), Fundación Cultura y Paz, Premios Nobel de la Paz y Greenpeace, por solo citar algunas.

La educación social es una de las profesiones más humanas y enriquecedoras espiritualmente ya que consiste en ayudar a los más necesitados, a los indefensos y a los rechazados de forma injusta. La no muy divulgada declaración de Barcelona, en el III Congreso de Educación Social en España (2001), es que para la profesión lo importante es el progreso de la humanidad: dibuja un perfil profesional de tipo reflexivo, crítico y autocrítico con la capacidad para la creación de conocimiento en un mundo incierto e identifica el compromiso de la profesión con la promoción de las personas. Es por esto que los educadores sociales tenemos el espíritu del Quijote, personaje errante en busca de utopías, en el sentido en que lo describe Ignacio Ramonet en el Foro Social Mundial del 2005, en Porto Alegre: “Pero no en el sentido estricto de la palabra utopía, en realidad, lo que él no soporta es la injusticia, las desigualdades y quiere que cambien las cosas”.

Josep Vallés Herrero

Doctor en Pedagogía, educador social y profesor tutor de la UNED. Miembro de la Vocalía de Situación Profesional y Sociolaboral del Consejo General de Colegios de Educadoras y Educadores Sociales de España y de la Sociedad Iberoamericana de Pedagogía Social (SIPS). Vocal del Observatorio de Infancia de la Generalitat de Catalunya. Autor de Manual del Educador Social. Intervención en Servicios Sociales (2009), Compendio conceptual de la Educación Social (2010) y de la tesis Análisis y valoración de las funciones de los educadores sociales en España (2011). Correo: jvalles@tortosa.uned.es

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