Agua contaminada: un problema de salud pública

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En la octava sesión plenaria de las Naciones Unidas celebrada en New York (septiembre del 2000), 189 países asumieron un compromiso histórico: “Erradicar la pobreza extrema y mejorar la salud y el bienestar de las personas más pobres del mundo, en un periodo de 15 años”, plasmado en la Declaración del Milenio. Sin embargo, en el informe La salud y los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), publicado cinco años más tarde, se alerta a la comunidad internacional de que, aunque se han hecho algunos progresos, todavía son demasiados los países que están atrasados en el terreno de la salud, situación que repercutirá en la educación, la igualdad entre hombres y mujeres y la reducción de la pobreza. Según esto, al parecer, los ODM que buscan crear un mundo mejor y más justo no se materializarán en el periodo previsto.

Desde el aspecto de la salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó en Ginebra, en el 2005, la primera reunión para control de parásitos, en la cual se presentó al parasitismo intestinal como una de las principales causas de morbilidad en los países en desarrollo, con más de dos mil millones de personas afectadas en el mundo, evento asociado con tres falencias: higiene, servicios sanitarios y provisión de agua potable.

La diarrea es un síntoma de infecciones ocasionadas por muy diversos organismos bacterianos, víricos y parásitos, la mayoría de los cuales se transmiten por agua con contaminación fecal. La infección es más común cuando hay escasez de agua limpia para beber, cocinar y lavar. Según el Centro de prensa de la OMS, las dos causas más comunes de enfermedades diarreicas en países en desarrollo son los rotavirus y Escherichia coli. El problema de la parasitosis, en particular, se evidencia con preocupación cuando la diarrea presentada en un individuo se potencializa a su vez con la Escherichia coli, los cuales juntos pueden causar la muerte, especialmente en menores de cinco años.

Según estadísticas sanitarias mundiales, el 9,5% de las muertes en menores de cinco años se debe en el mundo a la diarrea. Los niños que mueren por diarrea suelen padecer malnutrición subyacente, lo que les hace más vulnerables a las enfermedades diarreicas. A su vez, cada episodio de diarrea empeora su estado nutricional. Así, la diarrea es la segunda mayor causa de malnutrición en niños menores de cinco años.

En el caso colombiano, las estadísticas mundiales del 2012 indican que la mortalidad por diarrea entre el 2000 y 2010 disminuyó en un 1%, pero resultan paradójicas las cifras publicadas en Estrategia de cooperación con Colombia 2006-2010 en el cual se evidencia que la provisión de servicios sanitarios básicos en la zona urbana obtuvo una cobertura de acueducto que llegó al 97,6% y la del alcantarillado a 90,2% en el 2003; en contraste con la zona rural, donde la cobertura de acueducto llegó al 53,1% y la de saneamiento básico llegó al 57,9%, lo que se ve reflejado en cifras dadas por José David Name, senador de la República:

En el año 2005, la tasa de mortalidad para los niños menores de 5 años en Colombia era de 26 niños por cada mil; en 2010, el promedio nacional bajó a 22 niños por cada mil. Según las encuestas oficiales, en La Guajira las cifras distan preocupantemente de la nacional. En 2005, por cada mil niños morían 43; para 2010, en lugar de disminuir, la tasa aumentó a 50 niños por cada mil.

Para dar un ejemplo en particular, la primera causa de morbilidad en el departamento de Nariño en el 2011 (tasa por 1000 habitantes) fue diarrea y gastroenteritis de presunto origen infeccioso (DGTE-A09X): 16,5 pasando a 23,5 en el 2013 quedando en el séptimo lugar; evento que puede verse reflejado en la falta de acueducto y tratamiento del agua que se observa en 73% de los municipios. Para San Juan de Pasto, la ciudad capital del departamento, pasa del 8,2 (puesto 12) al 17,5 (puesto 7), según el Boletín epidemiológico del Instituto Departamental de Salud de Nariño, del 2011 y 2013. Lo especial en Pasto es que, a pesar de los esfuerzos de la Empresa de Obras Sanitarias de Pasto Empopasto —renovando las redes de distribución, produciendo agua potable con un excelente índice IRCA, etc.—, el problema en salud persiste.

La investigación denominada “Diagnóstico de la calidad sanitaria del agua disponible en tanques residenciales de la municipalidad de Pasto”, liderada por investigadores del grupo de investigación GIISE del programa de Medicina de la Universidad Cooperativa de Colombia, con el apoyo de aliados estratégicos como la Universidad Mariana, Empopasto y laboratorio clínico UNIBAC, aprovechando la integración Universidad, Empresa y Estado, pudo establecer que todo se debe a un mal manejo del agua en las unidades de vivienda, puesto que se tiene un concepto errado sobre el tanque instalado. Este no es de reserva sino de recirculación y al cerrar la llave y no permitir que el agua circule, en poco tiempo pierde la potabilidad. Además, al lavar los tanques —ya que no tienen una válvula de salida del agua sucia—, se contamina la red de distribución interna. La investigación llevó al diseño de un dispositivo de bajo costo que permite evacuar el agua sucia al canal de recepción de aguas grises sin que entre en contacto con el agua que se consume en casa. Esta investigación se mostró como ejemplo de integración entre la universidad, la empresa y el Estado, en el libro titulado Universidad-Empresa-Estado: hacia la cultura de investigación y la innovación.

Para el primer trimestre del 2016, por ejemplo, la calidad del agua potable distribuida en Pasto fue excelente con un IRCA de 3,35 (calificación sin riesgo), según un comunicado de prensa de Empopasto. No obstante, aunque la modernización en las redes de distribución de agua continúa, la tendencia observada de casos diagnosticados con diarrea y parasitosis se mantiene semejante a los años reportados en el último boletín epidemiológico de Nariño 2014. Incluso, en el boletín epidemiológico semanal N.° 20 del 2016, se reportó que la morbilidad por enfermedad diarreica aguda en todos los grupos de edad notificados al Sivigila fueron 67.759, lo que muestra un ligero aumento correspondiente al 7,5% si se compara con la misma semana en el 2015, que reportó 63.003.

Como apotegma, se puede decir que no es suficiente un suministro de agua permanente y apto para el consumo humano si no se integra el componente educacional relacionado con el manejo del agua al interior de las residencias. Además, ¿no contribuirían en algo las recomendaciones hechas por los investigadores del grupo GIISE?

Iván Hernández Ramírez

Especialista en Epistemiología y candidato a Magíster en la misma área. Trabaja como investigador del programa de Medicina de la Universidad Cooperativa de Colombia, sede Pasto. Correo electrónico: ivan.hernandez@ucc.edu.co.

Andrea Vanessa Ruales

Profesora del programa de Medicina de la Universidad Cooperativa de Colombia, sede Pasto, y médico de la Fundación Hospital San Pedro, en el área quirúrgica.

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