¿Qué debo hacer para que mi artículo tenga visibilidad e impacto?

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visibilidad e impacto

A finales del 2015 tuve la oportunidad de participar con dos intervenciones en el marco del evento liderado por CORPOICA, en la ciudad de Bogotá, Colombia, que llevó por título I Congreso de edición y gestión de información científica: métricas, bases de datos y herramientas útiles para la gestión de la información.

Antes de brindar algunas consideraciones importantes para que tanto autores como editores mejoren su posicionamiento y productividad científica, quisiera destacar tres conferencias muy pertinentes para comenzar a resolver las diversas problemáticas que presentan las revistas latinoamericanas y, específicamente, las nacionales, para el caso de Colombia.

La primera conferencia que fue ofrecida por la costarricense Saray Córdoba, en la que habló del desarrollo y funcionamiento de Latindex desde 1995 como plataforma para mejorar las revistas regionales, brindó aportes concretos para la escritura científica a través de ocho buenas prácticas:

¿Cuáles son las buenas prácticas?

La revisión por pares como una práctica común y necesaria en las revistas.

  1. La observación y vigilancia de los derechos de los autores y autoras y otros aspectos éticos.
  2. El manuscrito que envíe el autor debe estar perfectamente pulido, coherente, con suficientes datos, bien argumentado y redactado.
  3. El texto que se envíe a una revista debe ser original o inédito.
  4. La bibliografía que incluya debe ser actualizada, pertinente y exhaustiva.
  5. El autor debe tener presente cuando escribe a un lector que se encuentre en cualquier parte del mundo.
  6. El artículo debe seguir una estructura según el tipo que se trate.
  7. El autor siempre debe observar las instrucciones a los autores de la revista donde publicará.

Existen reglas y también convenciones.

La otra contribución exitosa fue acerca de las Licencias Creative Commons, cuya conferencista Carolina Botero explicó el uso que las revistas deben darles y cómo las instituciones educativas deben incluir dichas licencias dentro de sus políticas de Acceso Abierto. Es aquí donde debe quedar claro que los autores nunca deben ceder sus derechos, solo deben facilitar la autorización para la difusión, esto es, dar reconocimiento y permitir la copia, distribución y comunicación pública de su trabajo, mediante la aplicación de cuatro íconos simples.

La tercera contribución fue hecha por el mexicano Eduardo Aguado, director de Redalyc, red desde la cual se ha desarrollado una plataforma pública interoperable que está beneficiando a toda la región en cuanto al desarrollo y la visibilidad de la producción científica, pues hoy en día, gracias a esta, es posible conocer desde una perspectiva diferente las narrativas de las redes de colaboración, como una hoja de ruta de cómo se hace la ciencia en América Latina. Aquí se mencionó que el uso de JATS contribuye a que el editor mantenga el control de sus contenidos en Internet, sin importar la plataforma en la que se haga disponible. Lo más importante es que cada revista mantenga su propia voz y que su participación sea activa y constante frente a los debates internacionales.

En este foro, se tuvo la presencia de tres actores principales en materia de documentación científica: 1) el investigador, que consume y produce escritos científicos, 2) el editor, que normaliza y estandariza dichos escritos, y 3) el bibliotecario, que gestiona y promueve su consulta, además de analizar su visibilidad e impacto científico.

Por lo anterior, y para poder llevar a cabo estos procesos, hoy en día existen diversas herramientas que nos pueden ayudar tanto a gestionar bibliográficamente estos recursos, como a poder analizar el uso, la aplicación y el impacto generado a través de ellos. Como todo, hay herramientas que son de carácter público (Redalyc, SciELO, Google Académico, entre otros) y se encuentran de manera abierta a través de Internet. Asímismo, existen otras que se consultan a través de una suscripción (Web of Science, Scopus, entre otros), aunque el costo es bastante considerable. Al momento de realizar un diagnóstico, se deben incluir todas y analizar la representación en cada una.

Estas herramientas de carácter infométrico, bibliométrico, cibermétrico, webométrico, cienciométrico y altmétrico ―que históricamente han sido controversiales por favorecer a ciertos sectores y economías― logran cubrir de manera parcial los universos, pero que si se articulan de manera responsable (véase el Manifiesto de Leiden) y con los expertos en dichas mediciones, nos permiten visualizar la manera en la que los investigadores se relacionan con sus pares y conocer cómo generan nuevo conocimiento. A este proceso se le conoce como comunicación científica.

Pero, ¿qué ocurre cuando los primeros actores ―los investigadores― no aparecen en estas bases de datos? Lo primero que debemos alertar es la importancia fundamental de contar con perfiles científicos, donde se conozca el verdadero nombre completo del investigador y su afiliación; estos se pueden crear en distintas bases de datos ―abiertas o por suscripción―. Hasta el momento, ORCID ha resultado ser el sistema más compatible y aceptado en la comunidad científica: se trata de un sistema que permite registrarse y generar un nombre de manera homologada con un número identificador sin costo alguno. Dicha sistematización permite al usuario reconocer su propia producción y conocer de primera mano sus contribuciones sin que se le atribuyan otras que no son de su autoría, porque las ambigüedades y variaciones en cuanto al nombre se refiere son latentes en los países latinoamericanos. Esta simple acción ―su registro y reconocimiento― contribuye significativamente a que la precisión en las métricas se acerque más a la realidad, aunque muchas veces no sea muy alentadora debido a la poca generación o endogamia en la documentación científica.

Otro factor contundente es que cuando se publica, no se revisa que las revistas estén incluidas en estos sistemas y que sean de carácter abierto para que se pueda medir posteriormente la trascendencia o el impacto que se puede lograr a través de la creación y publicación de un artículo. Este análisis se puede realizar desde el momento en que el comité editorial ha aceptado la contribución, se publica y se difunde, puesto que se analiza desde el tema, la coautoría, su ubicación (si es local o no), su temporalidad, entre otras, hasta la citación del artículo, que no sólo debe limitarse al nivel cuantitativo sino cualitativo, pues es importante conocer con quién, porqué, cuándo y para qué se ha consultado esta información y si es, en el sentido estricto, favorable.

Otro factor importante es el de la coautoría. Es importante que los investigadores validen su conocimiento con pares de otros países o regiones; no me refiero a que sean con países europeos o norteamericanos, sino más bien con pares que discutan e investiguen sobre los temas que pueden ser endémicos, o de economías y realidades similares. La coautoría debe romper fronteras: si, por ejemplo, se asiste a congresos, se aprovechen estas oportunidades para desarrollar una comunicación científica de carácter internacional, invitando a publicar conjuntamente los nuevos hallazgos.

Es importante también que, para lograr la visibilidad individual, institucional y, posteriormente, nacional, un país como Colombia genere de manera conjunta y consensual con sus científicos, editores y bibliotecarios, una política de información científica abierta que, además de garantizar recursos financieros, con gente experta en el tema y de infraestructura, se considere la creación de indicadores métricos ex profeso, diseñados para diagnosticar su propia realidad, involucrando de manera responsable todas las herramientas que existen hoy en día. De esta manera, la radiografía en materia de documentación científica será mucho más clara y así se podrá construir mecanismos ad hoc para implementar mejoras de forma continua.

Flor Trillo

Egresada del Colegio de Bibliotecología de la UNAM, con especialidad en Formulación y Monitoreo de Proyectos por FLACSO Argentina. Magíster en Bibliotecología y Ciencias de la Información por la Universidad de la Habana, Cuba, becada por la AUIP. Ha colaborado en proyectos con diversos organismos internacionales como el BID y Agencias de Naciones Unidas: OPS/OMS, PNUD, ONU Mujeres y Capacidad 2015, siempre promoviendo la cultura de la información digital y la gestión del conocimiento. Actualmente lidera el blog Bibliomodelos sobre actividades, servicios y recursos destacados para bibliotecarios desde Viena, Austria, donde reside actualmente.

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