Entre el ser y la nada: la gestión editorial de revistas científicas hoy

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Los cambios que están acaeciendo en el modo de hacer y comunicar los avances científicos en las Ciencias Sociales y Humanidades suponen retos para los proyectos editoriales de las revistas, brindan algunas oportunidades y entrañan algunos riesgos.

En las tres últimas décadas, pero con especial intensidad en la más reciente, los modelos de gestión editorial de revistas académicas de Ciencias Sociales y Humanidades se han modificado sustancialmente, convirtiéndose en una tarea más compleja y dinámica, tendente a la profesionalización. A día de hoy, los equipos editoriales ya no tienen que velar únicamente por dar sentido y unidad a la publicación y por la originalidad y significación científica de artículos, reseñas, entrevistas y otros materiales que publican, sino que sus integrantes deben desarrollar otras habilidades y destrezas sociales, burocráticas y técnicas que, poco o nada, tienen que ver con el trabajo eminentemente académico y científico.

Así las cosas, las revistas científicas que aspiran a hacerse un lugar en la comunidad académica deben tener en consideración varias cuestiones, independientemente del modelo de gestión que adopten. En primer lugar, a pesar de las dificultades que entraña, el número de publicaciones periódicas especializadas de nuevo cuño sigue en aumento, de forma particular en Ciencias de la Educación. Por esta razón, los equipos editoriales han de realizar un esfuerzo extra para definir con mayor claridad un proyecto que logre suscitar el interés y el reconocimiento de la comunidad científica, lo que implica procurar dar respuesta a intereses, inquietudes y necesidades de una parte significativa de esta e imprimir al proyecto editorial cierto carácter que lo distinga de otros.

Dependiendo de la disciplina o área de conocimiento de que se trate, la tarea de encontrar un buen yacimiento científico e intelectual será más o menos sencilla, pero siempre entraña cierto riesgo de exceso de especialización, que podría, por falta de producción científica, agotar en poco tiempo el proyecto editorial o devenir en circuitos intelectuales retroalimentados.

El segundo asunto que los editores han de atender es la calidad de la gestión de la revista, debiendo acomodarse a los estándares internacionales de buenas prácticas que dan indicios de la seriedad, el rigor y la profesionalidad de la publicación, al menos en sus elementos externos, pues regulan los aspectos formales que han de cuidarse, tales como: transparencia en los procesos de edición, accesibilidad a los contenidos, apertura intelectual e internacionalización de autores e integrantes de los equipos editoriales, identificación completa de unos y otros, originalidad de los estudios, revisión por pares de las contribuciones, presencia de la publicación en repositorios y bases de datos, cumplimiento de la periodicidad, así como la adhesión a algún código ético editorial. En ocasiones, como es el caso de la revisión de originales, cumplir con las buenas prácticas supone un reto adicional para los editores, pues requiere de ellos cierta capacidad para tejer una amplia red de colaboradores externos, especialistas en la disciplina que evalúen con rigor la cientificidad y la oportunidad de publicar o no los artículos recibidos.

Después, es preciso trazar la estrategia de indexación y marketing para hacer llegar las investigaciones a la comunidad científica. Tradicionalmente, esto se lograba, en un principio, a través de las bibliotecas de universidades y centros de investigación que, bien mediante cuantiosas suscripciones, bien gracias a intercambios entre publicaciones, adquirían, catalogaban y ponían a disposición del público los más novedosos progresos de la ciencia y la cultura. Ahora, esto sigue siendo de gran utilidad para todo tipo de revistas, open-access o fee-access. No obstante, a medida que se extienden y consolidan las revistas digitales, las bases de datos internacionales, que también disponen de sus propios catálogos de buenas prácticas y de ranking de impacto o popularidad, juegan un papel clave en las posibilidades de propagación de los papers y de su acceso. Más recientemente, la complejidad de la difusión de los trabajos publicados en las revistas ha aumentado, debido a la relativa generalización de los social media, diseñados o no específicamente para la comunicación académica, que repercuten notablemente en la popularización de las revistas y dan respuesta a la necesidad de publicitar ya mismo los resultados de las indagaciones. Tales asuntos reclaman de los equipos editoriales una amplia gama de saberes técnicos, burocráticos y publicitarios.

Dada la coyuntura, las revistas científicas de Educación, lo mismo que las restantes de las Ciencias Sociales y Humanidades, deberán afrontar algunos retos a mediano plazo. Lo fundamental es que los equipos editoriales sigan invirtiendo sus mejores esfuerzos en mantener la originalidad, la solidez y el interés científico de los trabajos publicados, sin lo cual todo lo demás pierde su sentido. La definición del proyecto editorial, aquello que lo distingue de otros, es una exigencia mayor y más compleja para las revistas de Educación, debido a su alto número.

Por otro lado, las publicaciones que ya gozan de una buena indexación deberán mantener el nivel para continuar ahí y continuar adaptándose a las nuevas demandas de la gestión editorial. Por su parte, los proyectos editoriales más jóvenes deberán trazar estrategias de difusión que incorporen los social media; llevar a cabo una meticulosa labor de indexación; y adoptar los estándares internacionales de buenas prácticas editoriales.

Todo lo cual lleva, entre otras cosas, a que los equipos editoriales estén preparados para afrontar tareas técnicas múltiples, de distinto tipo, y a establecer estilos y ritmos de trabajo más intensos y fluidos, en los que la coordinación, colaboración y comunicación adquieren una mayor relevancia.

La tendencia hacia la estandarización de los proyectos editoriales puede derivar en que las revistas diluyan sus señas de identidad, abandonen su proyecto científico, académico y, por qué no, político, y se conviertan en no-espacios de comunicación científica. Esta es otra razón más para enfatizar la importancia de la definición de los proyectos científicos y editoriales que alimentan las revistas especializadas, particularmente, las de Educación.

Finalmente, lleno de oportunidades y posibilidades para intentar hacer del entorno académico algo más libre, dinámico y democrático, en el que la comunicación, la colaboración, la cooperación y la fraternal solidaridad en los esfuerzos sean los principios que vertebren la actividad. Un buen ejemplo de esto es el cada vez más extendido movimiento open-access y el creciente uso de los social and academic media.

José Luis Hernández Huerta

Posdoctor en Teorías y Culturas en Educación, de la Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul (Porto Alegre, Brasil, 2016). Ha sido profesor, desde el 2011, de la Facultad de Educación de Palencia, adscrito al departamento de Filosofía de la Universidad de Valladolid. Es presidente-editor de la editorial FahrenHouse, editor de las revistas Foro de Educación y Espacio, Tiempo y Educación, y del blog científico Connecting Education: Global Information on History of Education. Forma parte de la International Standing Conference on the History of Education (ISCHE), la Sociedad Española de Historia de la Educación (SEDHE) y Sociedade Brasileira de História da Educação (SBHE). Más información en: https://uva-es.academia.edu/JoséLuisHernándezHuerta

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